Elementales del fuego

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Los cuentos generalmente tienen un personaje malvado, en ocasiones ese personaje suele ser una bruja, un ente que tiene poderes y los usa egoístamente, las brujas eran símbolo de terror y misterio. En mi niñez, me regalaron un cuento, que rompió con ese esquema, que aún guardo y se llama La escoba de la viuda, marcó mi visión del trato directo con la magia. Este libro con formato particularmente grande, tiene hermosas ilustraciones y en pocas palabras habla de cómo una bruja deja abandonada a su escoba, que ya no podía volar más, ésta se hace amiga de una viejita que vive sola y esa amistad es muestra de cómo la cotidianeidad y la magia se reúnen a cada instante y en cada uno de nosotros.

Recuerdo cuando mis papás nos llevaban a Chapultepec y mis hermanas y yo buscábamos cada una nuestro “báculo”, una rama que fuera más grande que nosotros y era nuestra arma de poder durante ese día, hacíamos nuestra “fogata” de piedritas y ramas secas, que jamás tenía fuego de verdad, solo la imaginación y nuestros hechizos era lo que se encendía los domingos por la tarde en el bosque, que en verdad, daba la sensación de ser un ente mágico por un día, varias veces quería llevarme mi báculo a casa pero mis papás no me dejaban, hubiera llenado de ramas la casa, así que me despedía, con tanta nostalgia, de la varita que ese día me había dado una historia y jamás volvería a ver.

Durante mi desarrollo, los temas relacionados con el esoterismo me llamaron la atención, el Hermetismo, el conocimiento filosófico ancestral que guarda la Danza Mexica ligado al llamado “camino rojo o del guerrero”, la Psicomagia, la Biodescodificación, el Budismo, la Teosofía y todo aquello que pueda contener algo atractivo en el desarrollo del ser, me han llevado por un andar entremezclado de creencias, de los cuales tomo la parte que me sirve y reconstruyo mi propia filosofía, que afortunada o desafortunadamente, cambia conforme lo que voy conociendo, si bien, no hay nada estático en la vida, creo en que el conocimiento es la herramienta para la evolución propia del ser y mantenerme sin cambios me produce malestar, un amigo decía que el estado de confort es como estar enfermo, y yo coincido con eso, la verdadera sanación viene en el movimiento y en romper las barreras que conocemos para ampliar el espectro, y aunque eso signifique afrontar el miedo de la incertidumbre también tiene sus recompensas porque al llegar a otras etapas, gozamos de los beneficios de nuevas experiencias.

La explicación de nuestra realidad está avalada por la ciencia, pero, ¿qué pasa con todas esas cosas que podemos percibir y tenemos certeza de que existen y que la ciencia no puede explicar? Para mí la magia tiene lugar en ese hueco, en el poder interno de cada persona, en las conexiones con la naturaleza, en los hechos que parecen coincidencias, en la vibración de los similares, en el trabajo espiritual y en el poder de la intención, el amor y la palabra. Lo místico se encuentra en todo momento en nuestra vida, pero como la ciencia no puede explicarlo se nos obliga a omitirlo porque si no, te pueden catalogar de insano mental. Para mí, el desarrollo racional y espiritual no debería estar separado, ambos son parte de un todo, nosotros, individual y colectivamente.

Nuestro retorno a la conexión con la naturaleza se exige hoy más que nunca, aprender del amor propio para lograr relaciones sanas a nuestro alrededor, el autoconocimiento como herramienta de evolución, el acercamiento al poder contenido en las plantas, la capacidad de elegir e impactar individualmente a la construcción colectiva, el pensamiento crítico ante todo y en la conjunción natural con nuestro desarrollo social que implica cuestiones tecnológicas y de múltiple sincretismo.

En la naturaleza, se dice, que hay seres contenidos en los cuatro elementos, aire, tierra, agua y fuego, guardianes espirituales llamados elementales y en esta época de mi vida, esa palabra: “elementales”, resuena con fervor y el fuego se ha manifestado constantemente, dicen que hay que poner atención en las señales y a mí el camino me reúne con seis mujeres que coinciden conmigo, de las cuales aprecio mucho talento y compromiso, pero además con la ardiente pasión por aprender y enseñar. Hoy, las circunstancias que nos reúnen son poco convencionales, una pandemia, un aire de vacío que nos obliga a ser creativas y nuestro interés afín por desarrollarnos; hemos formado nuestro propio aquelarre, conjuramos en braille y creamos con el fin de hacer un aporte social, somos siete chicas que, por nuestra iniciativa, entusiasmo, fuerza y pasión podemos considerarnos: elementales del fuego.

“La cosa más bonita que le puede pasar a un ser humano es descubrir el fuego sagrado, el fuego de su alma. Y hacer de todo para que la vida entera sea la expresión de esa alma.”

-Annie Marquier

 

ERIKA CONTRERAS

DISEÑO GRÁFICO Y WEB

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