Flama constante o ¿Cómo llegamos a donde estamos?

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¿Cómo llegamos a donde estamos? esa debe ser la pregunta que más nos sorprenda cada tanto, para generarnos perspectiva. Tal vez no sea tan frecuente, pero vaya que es importante.

Creo que para todas esto inició como una decisión en medio de condiciones que parecían no ser las más favorables ¿Pero hay algún momento que lo sea?, creo que para decidir no siempre se debe esperar el mejor momento… 

Todo comenzó cuando en el mes de septiembre del 2020, un grupo de universitarios dispersos en distintos puntos de la ciudad de México se inscribieron a un diplomado en docencia en Arte y Diseño en el contexto de la Inclusión Educativa, en medio de una pandemia.

Para todos, incluso a casi un año de confinamiento, sigue siendo un tanto extraño tener que hacer todo a distancia; y claro, ello implica que esa extrañeza nos haga sentir un poco de incredulidad por los alcances de la interacción a distancia. Por lo que tomar la iniciativa de seguir con nuestra educación en tales condiciones, quiero imaginar, se manifestó como un esfuerzo por habitar de la mejor manera las condiciones atípicas que nos rodean.

De tal esfuerzo, puedo decir que todos resultamos sorprendidos por la relevancia que los temas, vistos en clase, estaban teniendo en nuestras vidas. Parecía imposible que un par de horas frente a la pantalla te hicieran cuestionar todo lo que creías haber aprendido.

Con esa sorpresa y entusiasmo, llegó el invierno: el cual amenazaba con cortar un ritmo de trabajo, endurecer las condiciones por las que estábamos atravesando y llenarnos de nostalgia por no poder pasarlo como lo hubiéramos imaginado. Sin embargo, ahí se alimentó la flama; la misma que nos llevó a tomar decisiones y que nos trajo hoy aquí.

Mucho tuvo que ver la intervención de una de nuestras integrantes; ella es experta y lleva mucho tiempo en el campo en el que ahora nosotros nos estamos desarrollando. Casi como augurio, su nombre es Samantha (como la bruja); ella nunca dudó en que el trabajo colaborativo sería la estrategia que nos haría superar las condiciones que nos rodeaban. Fue así que se conformaron dos equipos que ahora tenían la misión de la autogestión en sus manos.

En ese momento ya no sólo éramos un grupo en abstracto trabajando individualmente. Ahora éramos seis chicas (posteriormente siete) con distintas historias, experiencias, habilidades y motivaciones; que invocaron al espíritu del aprendizaje, la curiosidad y la creatividad.

Nuestra forma de invocarlo simplemente fue desde el instinto leído como iniciativa, esto derivaría en afectos que fuimos desarrollando a la par de un trabajo que abrazaría y partiría de uno de nuestros intereses más potentes; la magia.

La magia como su misma etimología lo sugiere, se trata de una capacidad singular. Dicha capacidad, en nuestro caso, se refiere a la flama constante que alimenta nuestro interés por encontrar formas de habitar el mundo desde el arte y los saberes. También podría relacionarse con la imaginación, sin embargo la flama se vuelve un componente que le precede; un impulso y recurso mínimo necesario para vincularse con los otros en torno al fuego e imaginar. 

Quienes invocan el fuego desde su flama interior somos nosotras; Janet, Fernanda, Pamela, Samantha, Naoli, Erika y Leslie; hijas, hermanas, estudiantes, maestras, amigas, confidentes, hechiceras y brujas. Nuestra forma de nombrarnos en el mundo se transforma continuamente; eso nos permite navegar por las capas de realidad, como las brujas que somos. Tal vez no he profundizado en cómo se llega a ello, sin embargo; la historia se queda para encontrarla en sus fragmentos desde donde cada una la narra y teniendo en cuenta que la distancia puede ser favorecedora cuando nos sensibilizamos para conectar de otras formas. 

Aquí lo importante es esa chispa iniciadora, aquella que motiva a que algo suceda. Esa chispa podemos encontrarla en cualquier cosa con la que interactuemos, a veces nos cuesta trabajo encontrarla. No obstante hay que tener presente que esa búsqueda no tiene porque ser en solitario, que por el contrario, si partimos del cuidado para tejer con lo otros, será más fácil no sólo encontrar esa chispa, sino convertirla en fuego.

LESLIE CORTÉS

ARTISTA VISUAL, INSTALACIÓN Y PERFORMANCE

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