Conjurando empatía

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Cuando nos preguntan qué es la empatía solemos responder que es «ponerse en el lugar o los zapatos de la otra persona» y así vamos la mayoría por la vida con ese concepto. ¿Es correcto?

Hace unos días asistí a un taller que ofreció la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México donde tocaron el tema. Nos explicaron que no, no es posible ponerse en el lugar de otra persona.  Empatía es comprender, entender contexto y realidades de las otras personas. Y esto implica un proceso.

Es cierto. Nosotras, en Fuego de Brujas investigamos y generamos material para que personas sin discapacidades puedan aprender más sobre las mismas. Y también creamos y diseñamos material didáctico para que personas con alguna discapacidad puedan usar en cierto momento con objetivos específicos. Pero no sabemos lo que es vivir sin escuchar, los riesgos que vive una persona ciega al salir a la calle o las problemáticas de trasladarse en silla de ruedas, por poner ejemplos. Únicamente conocemos la teoría, pero no tenemos las vivencias. Entonces, desarrollamos nuestra empatía para saber cómo crear esos materiales y hacer que funcionen.

La empatía es un proceso de gestión emocional propio. Su construcción va de lo individual a lo social. Podemos aprender y practicar el concepto desde infantes si así nos lo enseñan nuestros cuidadores; de lo contrario, ser empáticos nos costará más trabajo.

Lo principal es conocer nuestras emociones, entenderlas y validarlas. No olvidar que esto es una práctica difícil y en ocasiones necesitaremos ayuda de terceros, como una psicoterapia. Posteriormente hacer lo mismo con las demás personas, sin juzgarlas: el validar una emoción es el principio de la empatía. Olvidemos el pedir a alguien que no llore, que no se enoje o que no esté triste. Porque ninguna emoción o sentimiento es negativo al momento en que funcionan como una válvula de escape y no dañamos a un tercero.

A veces nos rompemos la cabeza buscando qué hacer para ayudar a una persona, porque intentamos ser empáticos. Resulta que esa parte de la acción puede ser más fácil. No es necesario hacer más que acompañar o escuchar; incluso no es necesario decir algo, simplemente estar.

También reconocer nuestros límites es parte del camino hacia la empatía. Recurro al ejemplo del avión, cuando indican que colocarse las mascarillas en un momento de emergencia es primero para uno mismo y después para quien necesite apoyo. Si queremos ayudar más allá de la compañía pero no está en nuestras posibilidades, aceptarlo. Sea por tiempo, conocimientos, fuerza física o cualquier otro motivo, reconocer nuestros límites nos evitará conflictos. Por supuesto, siempre podemos pedir ayuda a alguien más que sí tenga esos recursos.

Ser una persona genuina, auténtica, honesta y real nos ayudará a crear lazos empáticos. Tener una profunda confianza en el organismo humano y sus potencialidades.

 

PAMELA CORONADO

ILUSTRADORA Y COMUNICADORA VISUAL

 

Referencias
Díaz, Jorge. (19 de mayo 2021). Construcción de empatía. Para docentes y personal del ámbito educativo. Taller virtual de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, México.
González, Ana María. (1987). El Enfoque Centrado en la Persona. Aplicaciones a la educación. México: Trillas.
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