Mariana de la Candelaria: Una bruja novohispana contra la violencia de género

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En la época de la Nueva España era posible acusar a una mujer de practicar brujería, como la figura de la bruja llegó a nuestro país a través de la tradición europea, la bruja novohispana comparte características traídas desde el viejo continente: Las brujas realizaban el Sabbat (reunión con el diablo) en el cual realizaban ungüentos con la sangre y el cuerpo de niños, tenían signos corporales, se podían transformar en animales y realizaban vuelos nocturnos con esta forma o con la de una mujer común.

En esta ocasión voy a platicarles de Mariana de la candelaria, una mulata del siglo XVIII quien tuvo un proceso inquisitorial por ser acusada de bruja. Esta historia puede permitirnos conocer acerca de la ideología en torno a la mujer, la magia, el conocimiento y los abusos de la época.

En el año 1760 un español llamado José Ignacio Quirós, quien era administrador de la hacienda San Juan Guanamé donde se encontraba Mariana, la denunció por la práctica de brujería. Las haciendas estaban marcadas por la jerarquía social, bajo el poder del propietario coexistían españoles, indios, indias, mulatos y mulatas. Así que Mariana estuvo rodeada de distintas personalidades. Para ahondar en la acusación es necesario saber qué perspectiva tenían las personas de ella, su fama de bruja surgió a partir de una supuesta pelea por celos que tuvo con la esposa de uno de los trabajadores de la hacienda. El hombre intervino violentándola a lo que ella le dio un piquete, desde ese momento cayó enfermo de gravedad por un “maleficio”. Además, una de las hijas de Mariana habría tenido una pelea similar con otra mujer quien también se enfermó próximo a la riña, por ello Mariana era mal vista entre la comunidad.

De vuelta a la acusación de José Quirós, ésta se dio por utilizar brujería en contra de Domingo Segura quien estaba enfermo desde hacía un año.  Se decía que ello era por un problema no resuelto entre Mariana y Domingo pues tuvieron una ruptura en una relación ilícita. Después de dos años de lo sucedido, comenzaron los malestares para Domingo. Lo que ocurrió después parece irónico, pero Segura acudió con Mariana por los malestares que presentaba y ella le otorgó un diagnóstico peculiar: Domingo tenía el corazón caído y seco de un lado. Al tratarlo la mujer demostró tener proezas en el conocimiento de hierbas y remedios.

Domingo Segura no se reponía, Mariana le mencionó que se debía a que había sido “burlado” en un hechizo. Se cree que en aquella época “burlar a una mujer” hacía referencia a una violación, aunque no se sabe con certeza, pero podría ser que Segura abusara de Mariana y otras mujeres. Pero ésta última consideraba que el comportamiento de Domingo hacia las mujeres tenía que ser castigado.

El proceso de esta acusación duró 8 años. El 29 de febrero de 1760 Mariana se declaró curandera, era usual que estos saberes se dieran entre los grupos de mezcla quienes conservaban las prácticas y teoría africana. Además, supuestamente mencionó que sí había tenido una relación con Domingo Segura pero que lo había abandonado. Negó tener algún muñeco (tipo vudú) en su posesión. Para junio de 1763 fue encarcelada y mantuvo las declaraciones de antes. Tras diversas acusaciones y supuestos testigos que incluían a su hija adolescente, Mariana fue condenada a la vergüenza pública en marzo de 1768, a la edad de 58 años. Se le pidió salir al público con insignias de maléfica, hechicera, bruja y embustera. Además de sufrir 200 azotes y ser desterrada de la hacienda por 10 años. Los primeros 6 años fue reclusa en una casa destinada al servicio de mujeres con enfermedades mentales o acusadas de “locas”.

Podemos decir que la sentencia injusta que sufrió Mariana es un retrato de las condenas que las mujeres catalogadas como brujas sufrían en la Nueva España. Mariana de la Candelaria poseía conocimientos en medicina africana además de que tenía conciencia de las violencias hacía las mujeres por parte de hombres de la hacienda. Es necesario mencionar que algunas investigaciones indican que no se nombraban los abusos cometidos hacia las mujeres. Se justificaban a través de “como frágil había tenido amistad ilícita con ella” por poner el ejemplo de Domingo Segura.

Las mujeres novohispanas estaban “medidas” a través de un ideal femenino; es decir, tenían que ser castas, sumisas, modestas, obedientes y con una vida pública que se limitara a lo religioso. Además, quienes eran mulatas poseían otra barrera impuesta por el sistema de castas. Entonces el que existiera alguien como Mariana quien poseía conocimientos inusuales y que respondía ante las injusticias contra las mujeres era una situación que rompía con lo permitido por las convenciones patriarcales de la Nueva España.

La figura de la bruja, es la de un ser rebelde, libre e inteligente. Alguien quien utiliza sus saberes para hacer pequeñas grandes cosas, para alzar la voz y, a veces, dar justicia de maneras impensables para una época. Tal como Mariana de la Candelaria, la genial bruja mulata contra la violencia de género.

JANE MONTESINOS

ARTISTA Y FOTÓGRAFA

Fuente de consulta:

Sánchez de Olmo, S. (2015). Marginalidad, brujería y etnicidad en Nueva España: Mariana de la Candelaria, una maléfica mulata del siglo XVIII. Letras históricas. (13). http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S2448-83722015000200015&script=sci_arttext

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