Infancia y discapacidad visual

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En el siguiente escrito se recuperan aspectos indispensables para identificar la discapacidad visual y algunas alternativas que pueden brindar un apoyo en la primera infancia en un niño (a) ciego o débil visual.

 

Una creencia arraigada en la sociedad es pensar que las personas ciegas desarrollan una percepción extrasensorial, por el sólo hecho de ser ciegos; la verdad es que niños y niñas que presentan ceguera, ya sea desde el nacimiento o adquirida posteriormente, deben participar de acciones educativas intencionadas que estimulen su desarrollo táctil, auditivo y/o olfativo. Esto es de la mayor relevancia, ya que necesitan “compensar” la vía de información que está disminuida, por medio de sus otros sentidos y de capacidades, tales como la memoria y la orientación espacial.

 

Es importante que desde el nacimiento identifiquemos algunas alertas conductuales que nos dará la señal de una posible discapacidad o debilidad visual, es importante identificar en un periodo de los cero a los seis años, es decir en la primera infancia.

 

  • Que el bebé desde su cuna u otro lugar en el que se encuentre no siga la luz, juguetes u otros objetos con la mirada.

 

  • Que el bebé no estire los brazos al ver a su madre, padre, hermanos y otras personas cercanas a él.

 

  • Al hablar frente a él, gira su cabeza poniendo atención con su oído.

 

  • No se desplaza en busca de juguetes u otros objetos que podrían llamar su atención.

 

  • Muestra temor a caminar o no se motiva a hacerlo, cuando se inicia la marcha.

 

  • Tropieza frecuentemente con los objetos que le rodean.

 

  • Aparentemente no percibe visualmente peldaños u otros relieves del lugar en el que se desplaza.

 

  • Al jugar no encuentra visualmente la pelota, globo u otro juguete con el que esté interactuando.

 

  • No da respuesta a las señas o gestos como: saludo, despedida, señalar, etc.

 

  • Se esfuerza demasiado para ejecutar actividades que implican principalmente el sentido de la visión, tales como hacer líneas con el lápiz o dibujar.
  • Se acerca demasiado al material gráfico que se le presenta (libros, dibujos, láminas, guías de trabajo, etc.)

 

  • Antecedentes familiares de dificultades visuales significativas, provocadas por enfermedades de origen genético tales como malformaciones oculares, Retinitis Pigmentosa, Cataratas o Retinoblastoma.

 

De acuerdo con lo anterior si identificamos estas alertas, es importante llevar a cabo un diagnóstico, para así mismo brindarles las herramientas necesarias, por ello algunas consideraciones a retomar son las siguientes:

La madre como figura de apego:

 

La madre es el principal nexo del infante con el entorno en el que se va a desarrollar y en el caso del bebé ciego, su rol es todavía más fundamental. Ella debe de tener un rol activo e interactuar con el niño o niña haciéndole sentir su presencia, de tal modo que vaya conociéndola y reconociéndola a través de la voz, el contacto de su cuerpo, su aroma y modo de tomarlo, mecerlo, jugar y vincularse con él o ella.

 

La decoración de su habitación: 

 

Esto favorecerá su aceptación e integración en la familia y de otras personas que lo visiten. Para esto, se recomienda a los padres que decoren su habitación, y otros espacios que consideren adecuados, con adornos y juguetes pertinentes a su edad, incluyendo luz y color, de este modo favorecerán en el niño o niña la utilización de su remanente visual -si es que lo posee-, su interés por fijar su atención en la luz y los objetos, así como su motivación por la exploración y el desplazamiento. Es necesario la utilización de colores fuertes y con alto contraste para que sean percibidos por niños y niñas que poseen baja visión. Otro aspecto importante de considerar es la incorporación de texturas y relieves que estimulen la exploración táctil del niño o niña que presenta ceguera, como también juguetes u otros elementos que emitan sonidos.

 

Una manera de permitir el reconocimiento y manejo del espacio por parte de niños y niñas que presentan discapacidad visual es la mantención del mobiliario en una posición estable o avisar anticipadamente de los cambios ocurridos, esto les permitirá la formación de una imagen mental de ese espacio, dándole seguridad y dominio en su desplazamiento y la posibilidad de ubicar y utilizar los elementos presentes en él.

 

La anticipación de las actividades: 

 

La importancia que tiene para el niño o niña poder anticipar en el hogar, las actividades que se van a llevar a cabo con él, tales como vestirlo, bañarlo, darle de comer o salir a la calle. El cuidado de este aspecto contribuirá al desarrollo de la seguridad en sí mismo y de la confianza en su madre y otras personas que formen parte de su entorno. Para esto, es necesario hablarle, nombrando los objetos que se van a utilizar, haciendo que el infante tenga previo contacto con ellos, por ejemplo, el pañal con el que se le va a cambiar, la ropa que va a vestir, entre otros.

 

La estabilidad y constancia de los objetos: 

 

Que siempre hayan determinados juguetes al alcance del bebé, a fin de que el niño o niña pueda reconocer con mayor facilidad los espacios de su pertenencia como su cuna o coche. Para esto, pueden atarse estos juguetes con pequeños hilos o elásticos, evitando con ello que éstos caigan

al suelo y el bebé ya no pueda encontrarlos. Se sugiere, además, la incorporación de nuevos juguetes que lo inviten a conocer y a explorar, ya sea utilizando su remanente visual u otras vías sensoriales de las que dispone.

 

El enfrentar una discapacidad es una situación compleja, sin embargo, la atención oportuna, brindara mayores resultados.

 

SAMANTHA VIVEROS

EDUCACIÓN ESPECIAL

 

Bibliografía:
Necesidades Educativas Especiales asociadas a: Discapacidad Visual (2007). Ministerio de Educación de Chile.
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