Magia con una flor y el pie izquierdo

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La lucha que como mujeres hemos realizado a través de los años es, entre muchas otras razones, por sentirnos atrapadas y en riesgo en nuestro lugar de nacimiento, en cualquier lugar; incluso en nuestro hogar. Por no tener voz, por hacernos a un lado y no tomar en cuenta nuestras opiniones, necesidades y sentimientos. Por decirnos que nuestro sitio es la casa y que debemos ser recatadas y así, ser vistas y atacadas como objetos de deseo y satisfacción sexual. Por decirnos cómo vestir, cómo hablar y comportarnos, que no podemos trabajar, que no debemos pensar. Sumemos a eso otra lucha, una muy particular, la de sentirte atrapada en tu propio cuerpo…

En 1947, para ser más precisa el 12 de septiembre, nace Gaby Brimmer; hija de judíos refugiados en la Ciudad de México. Sus padres eran incompatibles en su factor RH (una proteína) lo que le provocó parálisis cerebral. Este trastorno tiene diversas consecuencias, dependiendo su origen y la afectación en el sistema nervioso. En el caso de Gaby, lo único que podía controlar era el movimiento de su pie izquierdo. Nada más.

Esto quiere decir que no podía mover otra parte de su cuerpo, incluyendo sus cuerdas vocales. Por lo tanto, tampoco podía hablar. Conforme crecía, supo que podía controlar otra cosa: su capacidad cognitiva estaba intacta, no tenía ningún daño.

Entonces contaba con su pie y con su mente. Pero saberlo no era suficiente. Necesitaba ayuda. Estaba atrapada en un cuerpo que no le obedecía. Su mente comprendía todo, pero su cuerpo no le permitía si quiera expresarse. Gaby cuenta en uno de sus escritos que su tío Otto Modley, fue quien la alentó a usar su pie para algo más que jugar.

Aquí es donde entra Florencia Sánchez Morales, su nana desde que tuvo cinco años. En un inicio era parte del servicio de la casa, pero su empatía e ingenio le permitieron crear un puente de comunicación con Gaby, todo a través de su pie izquierdo. Florencia no sabía escribir, ni leer; pero sabía observar y estaba llena de paciencia.

Gaby asistió a la Primaria del Centro de Rehabilitación Músculo Esquelético, acompañada de Florencia. Sus notas las hacía con una máquina de escribir que colocaban en el piso, y se comunicaba con ayuda de un tablero que contenía letras y números y estaba en la parte baja de su silla de ruedas. Florencia le daba voz a sus palabras, para esto tuvo que aprender a leer y escribir. Todo lo que Gaby señalaba y escribía Florencia lo repetía.

A los 17 años ingresó a la Secundaria 68. De acuerdo a la película del cineasta Luis Mandoki sobre la vida de Gaby, el poder asistir a esta escuela fue una lucha entre ella, sus padres y las barreras que significaba para alguien con parálisis cerebral el poder recibir una educación en el sistema regular. Tuvo que demostrar que aunque su cuerpo no respondía, su mente trabajaba a la perfección. Y como siempre, Florencia estuvo a su lado, animándola para cumplir esta meta. Su nana se convirtió en una extensión de Gaby; aprendió a manejar para poder trasladarla y a interpretar tanto lo que señalaba en su tablero como lo que decía con los ojos.

Era tan brillante el trabajo intelectual de Gaby, que sus compañeros decían que era Florencia quien resolvía sus tareas y hacía sus trabajos. No podía hacer amigos, quienes se acercaban a ella lo hacían por curiosidad, morbo o para burlarse.

Gaby descubrió el poder de las palabras y se interesó por las letras. Comenzó a escribir poesía, influenciada por sus maestros y también sus padres. Su madre la impulsaba para continuar escribiendo, y también le criticaba sus creaciones con el fin de mejorarlas.

En 1967 ingresó a la prepa 6 y sufrió la muerte de su papá, quien era su guía en muchos aspectos. Su refugio: Florencia y las letras.

A los 24 años logra matricularse en la UNAM, para Sociología. En las fuentes que usé para poder documentarme encontré que únicamente cursó tres semestres y ya no continuó por decisión familiar. En su película se cuentan momentos donde Gaby interactúa con chicos, descubriendo su sexualidad o llegando a ser rechazada. Creo que esa decisión familiar está basada en el querer protegerla –además de otros problemas familiares–; Gaby tuvo un intento de suicido tras ser rechazada por un compañero.

Tres años después regresa a la universidad, esta vez para Periodismo, pero de nuevo cursa pocos semestres por barreras arquitectónicas, las cuales impedían su traslado dentro de las instalaciones y por barreras humanas; personas que no entendían o les incomodaba que alguien con parálisis cerebral pudiera lograr más y mejores metas.

A sus 30 años adopta a una bebé, con ayuda de Florencia, quien ya había dedicado su vida a Gaby y ahora a la nueva integrante de su familia, quien por cierto, nombraron Alma Florencia.

Para 1979, junto con su madre y la ayuda de Elena Poniatowska, editan y publican su biografía. A partir de la cual crean su película titulada Gaby, una historia verdadera. Esto la coloca en la mirada pública, siendo invitada a conferencias, congresos y eventos culturales.

Gaby nunca dejó de escribir; su pie izquierdo dio voz no únicamente a ella, también a historias de mujeres que tenían en común la soledad y la falta de alternativas. Publicó libros con sus poemas, cartas y escribió propuestas de guiones.

Fundó la Asociación para los Derechos de Personas con Alteraciones Motoras, ADEPAM, en 1989. Esta asociación se dedicó al trabajo social, médico, psicológico, terapeuta; educación primaria, secundaria, preparatoria –todas en sistema abierto-; intermediación para el trabajo, actividades recreativas y culturales.

En 1995 recibe la Medalla al Mérito Ciudadano; en 1996 es nombrada vicepresidenta de la mesa directiva de la Confederación Mexicana de Limitados Físicos y / o Representantes de Deficientes Mentales A. C. y en 1997 es representante del Comité de Mujeres de la Región Latinoamericana.

Gaby murió en su casa a los 52 años, el 2 de enero del año 2000. Desde entonces la ADEPAM lleva su nombre. Ese mismo año el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, estableció un reconocimiento nombrado «Premio Nacional de Rehabilitación de Gaby Brimmer», para honrar la voluntad de superación de las personas con discapacidad. Florencia Sánchez, su incondicional, fue la primera en recibir este premio.

El éxito de Gaby Brimmer es resultado de sus ganas de superación, de una lucha interna pero también externa, social y paralizante tanto o más que su propio cuerpo. Pero también es resultado del apoyo de sus padres, la exigencia y admiración de su madre; su acercamiento con Elena Poniatowska y en porcentaje más alto (muchos más alto a mi parecer), de la observación, acompañamiento, cariño y atención de Florencia.

«…sé que no puedo correr, pero con mi pensamiento puedo volar en fracción de segundos al más distante de los lugares; se me dificulta hablar, pero mis libros, mis cartas y mis poesías hablan mucho por mí; mis manos tal vez no puedan hacer una caricia y sin embargo, he sabido amar como mujer, como madre y como amiga.»

-Gaby Brimmer

PAMELA CORONADO

ILUSTRADORA Y COMUNICADORA VISUAL

 

Referencias
Brimmer, G. y Poniatowska, E. Gaby Brimmer. Fragmento. [Archivo PDF] https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/c6a97198-607b-4471-a21d-7efbe7da507a/gaby-brimmer
Canal PSICÓLOGO ABISAÍ. (27 de febrero de 2019). Gaby, una historia verdadera. [Archivo de
Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=VpbS_iVdPw0&t=4569s&ab_channel=Psic%C3%B3logoAbisa%C3%AD
Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación. (2008) Gaby Brimmer. [Archivo PDF] http://www.imced.edu.mx/Ethos/Archivo/41-209.pdf
La Jornada. Poniatowska, E. (2000). La muerte de Gaby Brimmer. https://www.jornada.com.mx/2000/01/04/cul1.html

 

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