Lo diferente.

0

No sé muy bien cuándo empezó mi historia con la discapacidad. No sé si está bien o mal pero no tengo un recuerdo muy claro de haber conocido a alguien con discapacidad cuando era pequeña o haberme encontrado con alguien de más grande, cuando ya tenía cierta conciencia de lo que era la discapacidad. Creo que más que tener una concepción sobre la discapacidad, siempre he tenido una concepción muy clara sobre la diferencia. 

Todos somos diferentes, en eso somos todos iguales. Para mí lo diferente siempre ha estado presente, siempre ha sido lo normal. Precisamente porque sé que todos somos diferentes, sé que no todos ven las cosas de la misma manera que yo y a lo largo de la historia, como humanidad hemos tenido siempre miedo a lo que es muy diferente de nosotros. Miedo que nace de la ignorancia por supuesto y que genera una actitud excluyente y de discriminación. 

Desde muy pequeña me di cuenta de esto y de lo malo que era y siempre me ha parecido injusto y de lo más tonto. Supongo que es otra de las razones de por qué estudié psicología, nada como la locura para englobar y etiquetar todo lo que es diferente, temible y rechazable. 

Recuerdo muy bien mi octavo semestre, era el módulo de Salud mental y mis prácticas fueron en un lugar llamado Metamorfosis. Eran personas que iban del CASI (Centro de asistencia e integración social) a este lugar como una especie de “escuelita”, hacían manualidades, a algunos les enseñaban alguno que otro oficio. Lo que me llamó mucho la atención fue lo indiscriminado del diagnóstico, todos entraban en una categoría llamada “problemas mentales” pero realmente había muy pocos que padecieran de esquizofrenia o alguna psicopatología, la mayoría eran chicos con alguna discapacidad intelectual y por lo tanto requerían una atención y un tratamiento distinto. 

Terminando la escuela, empecé a trabajar en Casa Azul, una comunidad terapéutica. La diferencia presente otra vez. Todos y cada uno de los pacientes con su propio padecimiento, con su propia historia; yo tenía que idear cómo entrar con cada uno, entender cómo pensaban, cómo aprendían, cómo querían. Lo que funcionaba con uno, no funcionaba con otro, todos los días tenía que crear nuevas formas de vincularme y eso me encantaba. 

Me gustaba mucho ese trabajo, pero también era un trabajo muy triste, acompañar a personas, solas, excluidas hasta de sus propias familias. Recuerdo mucho cómo había familiares que pedían que fuera un clínico o un acompañante a esa reunión porque no sabían cómo interactuar con su familiar, ahí estaba yo proponiendo jugar dominó entre un padre y una hija que no tenían idea de cómo comunicarse entre sí. 

Quizás es porque en mi familia soy la tercera hija y siempre escuchaba que mis hermanos habían hecho tal cosa primero o que yo debería ser más como mi hermana o hacer lo que hacía mi hermano, etc., sé que nunca lo hicieron con mala intención, lo que sí, es que siempre tuve muy presente que yo no era eso, que no podía ser eso porque era distinta. Creo que esa es la raíz de la empatía, tener presente el sentimiento de cómo se sentiría la otra persona en tal situación. Yo sabía que el que te hicieran sentir que ser diferente era malo o que te hicieran sentir que tendrías que ser diferente a cómo eres, no estaba padre y eso que a mí me lo decían de una forma bonita, no imagino lo feo que debe ser cuando lo hacen desde el rechazo más profundo.

En fin, sigo pensando en lo diferente y en que no debería ser visto como problema, como exclusión o como temor. Jamás me he divertido tanto o aprendido tanto que todas esas veces que he tratado de comunicarme o vincularme con alguien diferente a mí. Así que pienso que por qué no partimos de entender que todos tenemos una lógica propia bajo la cuál aprendemos e interactuamos con lo que nos rodea, todos, sin excepción.  Podemos hablar el mismo idioma y aún así no entendernos. Por lo tanto, si todos somos empáticos y tratamos de ver la lógica detrás de la persona, no habrá personas locas, personas con discapacidad, no habrá el otro diferente y temible, sólo habrá distintas maneras de entendernos.

 

FERNANDA JACINTO

PSICÓLOGA Y ARTISTA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *