Siempre bruja.

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Te preguntarás cómo llegué aquí. 

Bueno, la historia comienza hace muchos años, si me pongo muy quisquillosa podría decir que cientos. Estoy casi segura de que alguno de mis antepasados fue bruja y en mi familia siempre ha habido cierta cercanía a estos temas. Como la abuela Aurora que dicen que lo que soñaba se hacía realidad o mi tío y sus cartas de tarot; incluso mi hermana y hermano que tienen una extraña conexión con lo que sueñan. Por mi parte debo decir que simplemente no tengo el don, tristísimo pero cierto. Por eso lo he buscado en todas partes desde que tengo memoria. 

Mis juegos favoritos cuando era niña era jugar a ser una poderosa hechicera hasta que mi madre descubrió las “pociones” que hacía debajo de mi cama y todos se rieron puesto que las hierbas que había en el refri de la cocina no eran muy efectivas para mis conjuros. Decidí que usar un báculo o cartas sería mejor opción, jugar a ser una gitana con paliacate y una falda de monedas que leía la mano, o escribir conjuros al estilo “Amas veritas”, pero siempre obtenía el mismo resultado: mi carta de Hogwarts nunca llegó, jamás encontré en el sótano (ni siquiera tengo sótano) un libro con cartas mágicas, o vi en el ático (azotea que era lo más cercano) un libro de hechizos olvidado por mi abuela donde nos daba poderes a mí y a mis hermanos. 

Debo decir que, con el paso del tiempo, empecé a buscar la magia sólo en libros, en películas, en el arte y mi imaginación, así como en las historias que había a mí alrededor y en la magia de las mujeres que me rodeaban, sin darme cuenta de que yo también era parte de ellas. Así que, para hablar de mí, siento que tengo que hablar de ellas. No olvidemos que las brujas por encima de cualquier cosa, su gran poder es el conocimiento y poder transmitirlo.

Mi madre es la mejor bruja que conozco, no se le escapa nada, ella me ha enseñado todo sobre el amor. Mi hermana es la bruja más talentosa que conozco y la mejor maestra que existe.  Ella es psicóloga igual que yo, incluso estudiamos en la misma universidad, aunque separadas por varios años de diferencia (me lleva 17años). Ese antecedente fue como mi amuleto de buena suerte. 

Verán, aunque me encanta empezar de “cero” en algunos lugares, me aterraba la idea de ir a la universidad y estaba un poco triste. La cosa que más me gusta hacer en el mundo que es pintar y dibujar (algo que saqué de mi papá y mi hermano, ellos también son brujos, pero esa es historia para otra ocasión), y no me habían aceptado en ninguna escuela para hacerlo. Sin embargo, a la primera me habían aceptado en psicología, para la segunda cosa que más me gusta: el chisme. 

No es cierto, sicierto. No, la verdad es que la segunda cosa que más disfruto hacer es escuchar y ayudar. Con el tiempo también he aprendido que por algo pasan las cosas y vi esto como una especie de señal, ya en el camino encontraría cómo relacionarlo con el arte y lo logré. Pero en ese momento era aterrador llegar a la universidad. Saber que mi hermana estuvo ahí, caminando por los mismos pasillos, sacando los mismos libros de la biblioteca, haciendo las mejores amigas que ha tenido y sigue teniendo, me dio mucha paz y pasé 4 increíbles años aprendiendo sobre la magia del comportamiento humano. 

También conociendo grandes brujas que me han enseñado mucho. Soy muy mala conservando relaciones, pero recuerdo a cada una de ellas y agradezco todo lo que me enseñaron y aunque para ustedes sean nombres sin rostro, traerlas aquí de regreso conmigo es mi manera de decirles gracias, aunque nuestros caminos se hayan separado. Como Fanny, ella me enseñó sobre el arte y el amor. Ella sí estudiaba en la ENAP y me invitó a algunas de sus clases, ahí conocí al que ahora es mi novio, ¿ven? por algo pasan las cosas. Frida la más fuerte de todas, es una mujer que admiro mucho, inteligente y capaz en todos los sentidos, ella me enseñó a confiar en mí y en los demás; Mary y Nat, el valor del compañerismo; Paty, Shamel, Monse y Jandri, ellas me enseñaron una faceta de la amistad que no conocía, complicidad, calidez y sencillez. También hubo grandes maestras a las que les agradezco porque me hicieron creer en esta hermosa profesión.

Después de la universidad empecé a trabajar y a seguir estudiando, cumpliendo lo que había prometido sobre juntar mis dos pasiones. Lo encontré a través de la arteterapia, ahí descubrí que sí tenía algo de bruja y podía lograr que los demás se sintieran mejor consigo mismos, aunque en realidad no era yo, eran ellos mismos a través de arte. Pacientes con trastornos alimenticios para las que el momento de comer era más llevadero si podían hacerlo mientras pintaban, leían o veían algún video de arte; pacientes a veces muy desconectados de la realidad cuya única vía de comunicación era con dibujos, personas que no hablaban con nadie pero que se acercaban para la lectura y escritura de algún cuento, etc.  Me pareció que había descubierto la Atlántida, ¿cómo es posible que algo que hace tanto bien no esté al alcance de todo el mundo, no se les enseñe a los niños desde chiquitos a expresarse, a aprender técnicas, a contemplarlas, simplemente a disfrutar del arte? Habrá escuelas que lo hacen y pido una disculpa de antemano, pero hay otras que ven la clase de arte como el relleno, como la oportunidad de ver cómo la maestra hace una manualidad más con un tubo de cartón. El arte no es relleno, el arte es magia. 

Toda esa magia que siempre estuve buscando, estaba ahí, delante de mí y fue lo que me llevó a tomar un diplomado en medio de una pandemia, con desconocidos a través de una pantalla, en un momento de mi vida con mucho estrés y mucho trabajo, pero puedo decir que llegué al lugar correcto. Porque el conocimiento siempre se debe de buscar. 

Y como por algo pasan las cosas, en ese lugar encontré más brujas, compañeras super talentosas que te obligan también a dar lo mejor de ti y más. Mujeres con quien poder compartir un proyecto en común: el amor por el arte y el amor por enseñar y poder transmitirlo a todas las personas sin dejar a ninguna fuera. Pienso en la frase que hay en una de las paredes del museo de la acuarela de Alfredo Gauti Roji: “En el gran misterio de la vida el arte es un rayo de luz. Aprende, estudia sin tiempo y sin medida, y cuando puedas dar algo de ti mismo a los demás, esa luz surgirá de tus manos”. Literalmente hemos hecho que salga de nuestras manos, aprendimos muchas cosas en este lugar en el que nuestros caminos se cruzaron y sé que hay muchas más todavía por aprender. 

Para mí es magia encontrar personas con quien compartir este bello camino y lo más importante, compañeras con quien compartir lo que siempre he sido, una bruja.

FERNANDA JACINTO

PSICÓLOGA Y ARTISTA

 

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