Una flama de siete

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¡Hola, persona que me está leyendo! 

Vengo a contarte un poco de cómo es que llegué a este proyecto y para eso debo presentarme. Mi nombre es Pamela y me encanta dibujar. Desde pequeña más que salir a jugar, pasaba mis días entre libros, lápices y pinturas. 

Disfrutaba (y aún lo hago) de ir a la escuela, por lo que no faltaba mucho.  Pero cuando me enfermaba no tenía opción. Para animarme, papá me llevaba un cuaderno gigante y un paquete de colores, crayolas y acuarelas. Podría decir, entonces, que me gustaba enfermarme. 

Uno de los libros con los que más me entretenía me lo dio mamá a los 10 años; creo que ella no tenía idea de lo que estaba haciendo al regalármelo. Se llama «Mega destrezas y desafíos», de Larousse. Además de ilusiones ópticas, trucos de magia y acertijos, venía una sección titulada «Hablando con las manos» donde incluían el abecedario con señas. Me fascinó la idea de poder comunicarme con las manos. Hasta el momento solamente había visto a los intérpretes de la televisión y no había pensado que yo también podía hacerlo; mi primer acercamiento con una persona sorda vino muchos años después. En ese momento me lo aprendí, se lo enseñé a una amiga de la escuela y nos comunicábamos de esa forma tanto en clase como en el recreo. Por supuesto, no faltaron compañeros que se burlaran por vernos hacer eso, pero continuamos hasta que me cambié de escuela y dejé en un cajón esas señas, aunque nunca las olvidé.

Llegó el momento de decidir qué carrera estudiaría y me incliné por buscar algo donde pudiera dibujar. Realmente nunca estuve segura de lo que quería, vagaba entre veterinaria, criminología, pediatría y no sé cuántas más profesiones pasaron por mi cabeza de 18 años. A veces creo que no es la mejor edad para decidirnos por lo que vamos a estudiar pues estamos en un momento en que no nos entendemos ni a nosotros mismos; además se piensa que eso que se estudia es para toda la vida, pero también he descubierto que podemos cambiar de idea, mezclarla o evolucionarla: hacerla interdisciplinaria.

Mi forma de trasladarme es en transporte público. Me gusta toda la diversidad de personajes que podemos encontrar ahí: el señor que lleva una mochila gigante, la señora que se duerme en tu hombro, el chico con audífonos que canta a todo volumen, el niño que come una paleta y embarra el dulce en los tubos,  la chica que tiene tanta habilidad para delinearse los ojos cuando el camión va a toda velocidad… Las personas con discapacidad. Me tocaron diversas situaciones en las que veía en apuros a una persona ciega porque  no lograba ubicarse; también problemas de traslado para alguien en silla de ruedas o con muletas. La mayoría de la gente alrededor, simplemente observando. Mientras mis habilidades físicas e intuición me lo permitían, me acercaba para apoyar, pero no en todas las ocasiones sabía qué hacer. Siempre lamentaba no tener más herramientas para poder ayudar.

El ser bruja viene de mi mamá. Así le llamaba papá, porque siempre sabe cuando algo nos pasa y qué y por qué nos pasa con solo ver nuestro semblante o escuchar nuestra voz. Conoce las propiedades de las plantas, las escucha y también a los frutos; dice que cocinar es como preparar pociones. Tiene ese sentido que le hace saber cuando algo extraño sucederá. Sabiduría, por supuesto. Me he descubierto siendo y disfrutando mucho de todo esto. A nosotras nunca nos ha molestado que nos llamen brujas por «adivinar» o ser meramente intuitivas y observadoras. 

Harry Potter tuvo un poquito que ver conmigo: soy orgullosa Hufflepuff, crecí con sus historias, las hice mías y sé que la magia es real; puede que de forma diferente. ¿Cómo no va a ser mágico el fuego, la gravedad y la vida? Creo en la vibración entre personas por energía, en el poder de las palabras y de la conjunción de seres para crear algo grande. 

Mi aprendizaje nunca termina, no solamente en cuestión de dibujo, que está en práctica constante. Ahora, también como docente y aprovechando el tiempo en cuarentena comencé mi preparación hacia la inclusión, conociendo a compañeras movidas por el mismo interés de apoyar, de enseñar y de generar materiales para acercar el Braille, la Lengua de Señas Mexicana y demás estrategias a todas las personas que interesadas por aprender, contagien a sus personas cercanas con estos conocimientos. 

Nuestro ingrediente extra: la magia. Esa energía que nos cohesionó a pesar de la distancia, de conocernos únicamente a través de una cámara, de no saber mucho una de la otra y aun así, sentirnos tan cercanas porque nos une el arte, la enseñanza, la inclusión y el amor por lo que hacemos. Encendiendo así siete flamas que generan este Fuego de Brujas.

PAMELA CORONADO

ILUSTRADORA Y COMUNICADORA VISUAL

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